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La Coctelera

sin perrito que me ladre

desencuentros en la primera fase

27 Marzo 2009

Al otro lado (Homenaje a Gonzalo Darko)

El local estaba lleno.

La gente bailaba al ritmo de la música, con luces y juegos de láser verde tocando sus cabezas como si fuera la batuta de un director de orquesta que dirigiera sus moviventos en la pista.

Hacía mucho calor, y notaba mi vestido blanco húmedo, pegado a mi cuerpo por un sudor pegajoso, como de noche tropical con luna llena.

Entonces le ví. Estaba en medio de la gente, sin avanzar ni retroceder, mirando al techo como hipnotizado por el juego de luces. Me recordó al personaje de una película que había visto mil veces. Me acerqué a él sin que notara mi presencia, y me coloqué de espaldas, a pocos centímetros, o quizás a ninguno. Cuerpo a cuerpo.

Esperé y deseé que él supiera interpretar mis intenciones, que entendiera que le deseaba sin saber porqué, sin conocerle, sin nombres, sin que hubiera podido leerme la mirada, porque solo podía ver mi pelo, mi perfil, oler mi instinto.

Busqué su mano y la puse en mi cintura. Él se dejó guiar como si nuestros movimientos ya hubieran estado coreografiados mucho antes de encontrarnos, y sintiendo su cuerpo pegado al mio, subí mi brazo y agarré su pelo, para que su cabeza se inclinara hacia mi cuello. Indicándole el camino. Mi sudor y mi perfume se mezclaban, embriagándonos en una danza improvisada, y mientras una mano subía de caderas a pecho, la otra agrarró mi mulso al tiempo que mordía mi cuello. Recorría mi cuerpo conociendo los caminos que llevan a la locura, a mi locura privada.

Había cientos de personas a nuestro alrededor, testigos ciegos del momento en que mi fantasía cobraba vida y se hacía real. Su mano subía lentamente por mi muslo, y mi pulso se aceleraba, mi excitación se hacía líquida. Apartó mis bragas para introducir sus dedos en mi vagina, y me abrí.. me entregué a él como si siempre lo hubiera estado esperando. Su movimiento lento e intenso se aceleró, y por un momento me vi levantada del suelo, flotando de placer, asida por sus manos fuertes, rudas, intensas. Notaba en mi espalda su sexo duro y viril, creciendo y latiendo tan fuerte como mi pulso. Como su pulso. Como nuestro pulso. Y me corrí.

Fue un instante eterno, donde mi cuerpo se proyectaba a cámara lenta, mientras el resto del escenario se movía freneticamente. Me relamí de placer, me giré y le besé. Quise decirle mil cosas con ese beso. Quise que entendiera que aquello no había sido fortuito, que lo había soñado desde siempre, orquestado en las fantasías de una adolescente primero, de una mujer después, , y que cuando lo ví, entendí que solo él podía desnudar mis entrañas, conectarme a mi voluntad. Ser un instrumento afinado para que la música solo pudiera inventarse sin desafinar.

Y me marché. Le dejé en mitad de un océano de personajes anónimos, con la boca manchada de Chanel Rouge Noir, y oliendo a cerezas y sudor.. con la esperanza de que ese encuentro dejara algún rastro en su memoria.

servido por sin-perrito-que-me-ladre 1 comentario compártelo

1 comentario · Escribe aquí tu comentario

Gonzalo Darko

Gonzalo Darko dijo

Joé, que cosa más curiosa has hecho, me parece muy chulo y me ha encantado como lo has narrado, estas cosas me hacen ver que en esto de los blogs se pueden hacer muchas cosas, diferentes e interesantes.

Gracias por darme a conocer a esta mujer, me ha resultado excitante y perturbador ver la historia desde sus ojos. Y personalmente me halaga que mi historia te gustara como para expandirla.

Un beeeeso

30 Marzo 2009 | 04:45 PM

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